San Martín: del bronce al hombre

El pasado viernes 19 de agosto recordamos al General San Martín en el aniversario de su fallecimiento durante otra edición de los Ateneos Peronistas. La jornada, titulada “San Martín y las luchas por la independencia”, estuvo a cargo de la profesora Graciela Ruiz (Facultad de Derecho – UNCUYO) y el profesor Alejandro Ravazzani (La Discépolo), historiadores de nuestra provincia.

La profesora Ruiz comenzó remarcando la importancia del estudio de la historia argentina del siglo XIX “como germen de todo lo posterior”. De este modo, retomó el contexto europeo y americano previo a Mayo de 1810, imprescindible para comprender los acontecimientos desarrollados en el Río de la Plata: la situación de los borbones, la invasión napoleónica y el movimiento juntista español que inspiró a los revolucionarios de mayo.

Luego se trazaron los hechos fundamentales de la biografía del libertador: su nacimiento en Corrientes, las dudas sobre su origen puramente criollo o guaraní, la mudanza de la familia a España cuando tenía solo seis años, su carrera militar ascendente luchando para la corona española y, finalmente, su regreso al Río de la Plata con otros militares criollos y peninsulares (entre ellos Alvear) en 1812.

Una vez en tierra americana, la creación del Ejército de los Andes para la liberación de Chile y Perú garantizó también la definitiva victoria sobre las tropas realistas en el Río de la Plata. Por esta campaña, y por su presión al Congreso de Tucumán para acelerar la declaración de la independencia, el hombre se convirtió en leyenda.

Justamente, el rico debate giró en torno a las apropiaciones y caracterizaciones que las distintas corrientes historiográficas y políticas han hecho de San Martín a lo largo de los años, tal como explicó el profesor Ravazzani (con la salvedad de lo inapropiado que resulta en muchos casos la interpretación del pasado desde categorías del presente). Desde el mitrismo en adelante, al correntino se lo elevó a mito (hecho que se observa en el simbólico título del libro de Ricardo Rojas, “El Santo de la espada”): fue simultáneamente, y según las distintas tradiciones ideológicas, un ferviente católico, un masón, un liberal, un latinoamericanista, un indigenista.

¿Y desde el peronismo? Lo central, para Ravazzani, es recuperar el carácter antiimperialista del libertador. Este hecho no solo se manifiesta en su plan continental y americanista, sino también en la lucha contra el absolutismo más que contra los españoles en particular (arengaba a sus tropas contra el enemigo “realista”, “godo”, “absolutista”).

A su regreso de Perú sufrió la dura persecución de Rivadavia y, pese a los pedidos de Lavalle y de muchos caudillos provinciales, decidió emigrar nuevamente a Europa. Un solo intento frustrado de regreso tuvo con la asunción de Dorrego, pero tras su asesinato a manos de Lavalle, prefirió no desembarcar. Sin embargo, cuando la flota francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, le ofreció a Rosas enlistarse como soldado, enviándole sus famosas líneas: lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.”

Por último, los profesores explicaron la necesidad de rescatar también al San Martín gobernador de Cuyo, estadista y político, y no solo al militar. Precisamente, se trata de una arista poco estudiada y conocida pese a la centralidad que tiene para los/as mendocinos/as. Como gobernador intendente de esta región vislumbró la importancia de la vitivinicultura y dictaminó medidas proteccionistas. También eliminó los azotes y modificó el inhumano régimen carcelario, se dedicó a la salud y al saneamiento ambiental (le debemos La Alameda). Todo esto, mientras armaba un ejército que llevó adelante una de las hazañas militares más importantes de nuestra historia.

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